Hay momentos en los que, circunstancias de la vida, nos conducen a asumir posturas que nos apartan de la gracia de Dios. Pérdidas, desilusiones, engaños, fracasos, entre otros sentimientos negativos nos ahogan en un mal tan amargo, que sin darnos cuenta ensuciamos nuestra alma y la cohibimos de recibir las bendiciones que Dios quiere dar a nuestra vida.
Nadie dijo nunca que el vivir sería fácil, que podríamos comprar sonrisas en cada esquina… Que la felicidad la encontraríamos en nuestra cabecera cada mañana al despertar. Lo que sí es real es que Dios te da una vida, y con ella un sinnúmero de oportunidades para que, si caes, vuelvas y te levantes.
Dios no nos hace cargar cruces que no podemos soportar, ni cargas que no podamos levantar. Él tiene un plan para ti y para mí, y sólo la confianza plena en Él nos hará victoriosos y merecedores de toda bendición que sólo Él puede darnos.
Es más fácil creerle a quien nos dio la vida, a quien nos permite ver la luz de un nuevo día, a quien podemos acudir 24 horas y siempre está disponible para escucharnos. No es cuestión de que leas y creas, es que pienses y sientas.
Dios tiene dominio y control en tu vida, no desmayes. Ten fe, confía en Él. No tienes nada que perder, pero sí mucho que ganar. Tú decides!!!